Archivo mensual: septiembre 2013

Delirio parasitario, “bichos” producto de la mente

El “Delirio de parasitosis”, es una enfermedad psiquiátrica donde la piel se convierte en el campo de acción principal, por lo que los enfermos que la padecen raramente buscan ayuda del psiquiatra.
Es un cuadro absolutamente surrealista, que cuando te toca abordarlo a nivel teórico, te parece que nunca lo vas a presenciar en tu práctica profesional….hasta que ocurre.

La piel asiento de sensaciones extrañas

El piel invadida de sensaciones raras

En mitad de una tarde de consulta numerosa, llega una señora de mediana edad que me plantea de forma directa:

– Doctor, vengo para que me cure de unos “bichos” que tengo por dentro de la piel.
Esta manera de empezar ya me causa extrañeza, pues es raro que la paciente sepa ya la causa de su enfermedad, sobre todo si el proceso ocurre oculto a la vista. Al preguntarle en que zona, se descubre rápidamente el brazo y me muestra una serie de heridas de forma lineal y en distintos estados de curación, que se me antojan provocados por ella misma.
– Estas heridas se las ha hecho usted misma – afirmo.
– Claro, ¿como sino, voy a poder acabar con ellos?
– Pero ¿está usted segura que lo que tiene en la piel son “animalitos”?
– Como imaginaba que usted tampoco me iba a creer, le traigo una muestra de que lo que le digo es verdad.

En ese momento saca del bolso una caja de cerillas de las de antes, esto que cuento ocurrió hace ya tiempo, y abriéndola sigilosamente vuelca su contenido sobre la mesa. Allí quedaron desparramados migas de pan, pelusas de algodón, astillas de palillo y hasta algún trozo de uña.
A modo de “epifanía”, ya tenía delante la prueba indubitable de cual era su enfermedad.
Lo que en otro ambiente hubiese movido a la hilaridad, en ese momento produce una especie de estremecimiento, resultado de presenciar por primera vez un signo perfectamente descrito en los textos dermatológicos (“signo de la caja de cerillas”) y de comprender hasta que punto llega la vivencia de infestación mi paciente.

Volví a ver otro caso semejante, pasados varios años del primero y en la actualidad estoy presenciando los prolegómenos de uno nuevo.
Se trata de una mujer que pasa de los 90 años, con un estado de salud envidiable para su edad, y con una capacidad de raciocinio y afectiva más que aceptable.
En mitad del seguimiento por otro proceso dermatológico, su acompañante me pone sobre aviso. Comenta que se levanta de madrugada y de forma sistemática pasa minutos con peines y liendreras intentando liberarse de “bichos”, que no piojos, que le llenan la cabeza.
De momento no he logrado convencerla de que, efectivamente, piojos no hay, y de que el picor puede ser producto de su caspa. A cada intento de desmontar la idea delirante, contesta:
– Yo, loca no estoy, y veo perfectamente como tienen patitas y se mueven.

Como todo es muy reciente, de momento no he decidido tratamiento farmacológico, esperando ver como evoluciona y la repercusión en su calidad de vida.

El “Delusio parasitorum” o Síndrome de Ekbom es un cuadro de psicosis donde el paciente cree de forma absolutamente veraz, e impermeable al razonamiento, que se encuentra invadido por parásitos que habitan su piel tanto a nivel superficial como en túneles escabados en ella.

Eso le causa sensaciones de picor y molestia y en un intento de deshacerse de ellos, autolesiones en forma de heridas.

El cuadro ha sido descrito como “psicosis hipocondriaca monosintomática” y psicopatológicamente se trata de una idea delusiva de mecanismo alucinatorio táctil y visual.

Para hacer el diagnóstico tienen que descartarse varias circunstancias:

  • Ausencia de parasitación real: descartar sarna y otras infestaciones.
  • Descartar otras enfermedades que pueden dar picor en piel: enfermedades endocrinológicas, renales, cirrosis biliar primaria, linfomas…
  • No ser secundaria a otros trastornos psiquiátricos: esquizofrenia, depresión…

El síndrome de deprivación alcohólica (“delirium tremens”) y los picores cutáneos por cocaína, anfetamina y otras drogas tienen características distintas y tenemos el antecedente del consumo.

Envases conteniendo muestras de los pacientes

Muestras recogidas por los pacientes (ver artículo completo)

El “signo de la caja de cerillas” se considera patognomónico (característico y exclusivo de la enfermedad) y se da en un 25% de los casos.

El delirio parasitario es dos veces más frecuente entre las mujeres y este porcentaje aumenta a partir de los 50 años.

Ante la sospecha diagnóstica, el manejo debe de hacerse con mucho tacto. El paciente de entrada no va a admitir una consulta al psiquiatra y debe evitarse mencionar su relación con problemas mentales. Por definición no es sensible a las pruebas parasitológicas negativas que se le realicen. De serlo, no estaríamos ante un cuadro típicamente primario.

El fármaco usado con éxito durante años, ha sido el pimozide, si bien los efectos secundarios de este antipsicótico han abierto la puerta a otras opciones.

Risperidona y olanzapina están consiguiendo remisión del cuadro con mayor tolerancia.

A la hora de prescribir el antipsicótico adecuado, hay que usar algún medio de persuasión para que el paciente no se sienta tratado por un trastorno mental que el niega tener.
Una opción es plantear que la medicación le va a ayudar a sobrellevar emocionalmente su infestación o bien que se está aprovechando un efecto colateral del fármaco sobre el parásito en cuestión.

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Eduardo Lauzurica. Dermatólogo

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