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Psicodermatología: piel y mente

Todos los días vemos lesiones, en esto la piel es muy indiscreta y se muestra sin que medie petición, que resultan difíciles de explicar por el solo mecanismo patogénico de las mismas. Hay algo más que las singulariza y que tiene que ver con el que las porta, que como ya quedó claro desde la etapa de los pensadores griegos, el humano es cuerpo y alma, todo en uno. Uno se ve y la otra se presupone.
Otras veces ese cuerpo pensante que concreta el ser, cuenta cosas, en ocasiones muy elaboradas, que no aparecen por ninguna parte del tegumento cutáneo, ni guardan relación alguna con lo que el galeno está acostumbrado a ver y escuchar. Existen, porque están en su magín y buscan el exterior intentando sustanciarse en lo más periférico de la persona, su piel.

Cuerpo y mente, dos planos, una misma realidad.

Psicodermatología: cuerpo y mente, dos planos, una misma realidad.

Podemos empezar a sospechar que la parte psíquica juega un papel importante en una determinada dermatosis cuando :

  • Los tratamientos no ejercen el efecto esperado.
  • Las recurrencias y desapariciones van vinculadas a empeoramientos y mejoras del estado de ánimo.
  • Incapacidad de reconocer y etiquetar adecuadamente las mejorías objetivas del estado de la piel.
  • Una dependencia excesiva de las opiniones del dermatólogo o animadversión excesiva hacia él.
  • Un distanciamiento excesivo con el tratamiento o incapacidad de seguir las pautas propuestas.
  • Cuadro de síntomas abigarrado y cambiante de forma errática.

Las vías de comunicación entre enfermedad de piel y psique son múltiples y bidireccionales. Un estado anímico alterado puede condicionar la aparición o empeoramiento de una dermatosis y esta a su vez influir negativamente en el humor, cerrándose muchas veces círculos viciosos difíciles de romper. Y no necesariamente el paciente tiene que mostrar una patología mental severa o perfectamente definida en los manuales psiquiátricos. (link)

El sistema inmunológico, que media de manera definitiva en la mayoría de formas de enfermar la piel, está en un equilibrio inestable y las alteraciones emocionales con presencia suficiente son capaces de alterarlo, lo mismo que un golpe contundente lo haría sobre un avispero. Valga este símil para entender de forma plástica las consecuencias de una injerencia sobre un núcleo sensible y peligroso.

Cerebro, a la vista de todos

Psicodermatología: cerebro y mente, no tan ocultos.

  • El padre de familia tenía verrugas víricas recalcitrantes en manos y cara. Después de años sufriéndolas y de múltiples intentos de tratamiento, que a lo más conseguían algunas semanas de tregua, un buen día dejan de molestarle. La “milagrosa” desaparición, que se mantiene por años, ocurre tras un retiro espiritual de unos cuantos días en un monasterio.
  • Eran brotes intempestivos de dermatitis atópica, donde el eczema brota literalmente con agua. La discusión a niveles de enfrentamiento los días previos, la que anunciaba su llegada.
  • Doblar las horas de trabajo diarias, sacando tiempo de donde no existe o más bien robándolo de las imprescindibles y reparadoras horas de sueño, para lanzar adelante ese negocio que es un cúmulo de tareas y preocupaciones…y que se caiga el pelo a rodales pareciendo que no quiere volver a salir.
  • La psoriasis, quien lo diría, estaba ahí “agazapada” esperando que llegara este gran disgusto, más un mazazo, para recordarle que por muchos años que habían pasado ya desde su juventud, no estaba curada como ella confiadamente había creído.
  • “¡Hay que ver!. Ha tenido que pasar un año para que este picor desaparezca y que una sola pastilla de antihistaminíco me deje “grogui”, cuando antes a dosis plenas ni conciliaba el sueño ni me disminuían los habones. Que dura es una separación “.
  • “Sí, estuve muy agobiado, pero no entiendo esta almohada llena de pelos si han pasado ya dos meses de esa escabrosa auditora”.
  • Ese dolor de brazo anunciaba algo distinto a una distensión muscular. Fue el color negro de su vestimenta el que la delató. No es frecuente abandonar unas honras fúnebres por las urgencias de un hospital, sin una importante molestia que lo justifique. La tristeza por la pérdida del ser querido se acompañó de un doloroso herpes zóster, según se confirmó por las vesículas que vimos aparecer al día siguiente.
  • “No sabemos que hacer, doctor. Como no le atemos las manos, se va a quedar sin pelo….si al menos se repartiera las zonas de arrancamiento, se notaría menos”.
  • Era evidente que entre madre e hijo no había buena sintonía, aunque ese mar de fondo no se dejaba ver. Estaba encubierto tras un aparente respeto en las formas y una sonrisa de indiferencia hacia aquellas heridas en los brazos que cambiaban de aspecto semana a semana. Tensión controlada que un día rompe el dique de contención, reblandecido por esa necesidad de compartir una carga demasiado pesada y el empuje de una invitación soslayada para hacerlo: “¡Es que no la aguanto!”. Se levantó y nos dejó a los dos, uno enfrente del otro, cara a cara. “No parece que todo vaya tan bien”, dije.
  • ¿Qué era aquella erupción violácea, tan intensa que parecía cruzar aquella media cara de forma intencionada? Un… “esto me pasa todos los años, aunque no tan intenso como este” tranquilizaba al doctor sobre su origen infeccioso. Lo que parecía inverosímil es que efectivamente el año siguiente y en el mismo mes de febrero, aquel exagerado brote de rosácea unilateral estuviera de nuevo allí, para recordarnos que, por no se sabe que extraña circunstancia, ese era el mes fatídico en su calendario laboral.
La piel, reflejo del entorno incluso el oculto a nuestros ojos.

Psicodermatología: la piel, reflejo del entorno incluso el oculto a nuestros ojos.

El fluir de las emociones, esos sentimientos exacerbados, parece una condición saludable y por el contrario, luchar contra sus manifestaciones origen de patología. La lista es amplia: verrugas víricas, herpes zóster, vitíligo, alopecia areata y en efluvio, tricotilomanía, rosácea, acné, eczemas, escoriaciones autoprobocadas….

La depresión acompaña a muchos procesos dermatológicos, calculándose que ocurre aproximadamente en un tercio de los casos.

El acné  y la psoriasis cursan en muchas ocasiones con humor depresivo, ansiedad, frustración, aislamiento social, sentimientos de desamparo y pérdida de autoestima. Hay valoraciones que acercan a un 30% el aumento de posibilidades de fracasar en una entrevista de trabajo o examen con cuadros graves.

Hoy se sabe que las citoquinas, esas sustancias mediadoras del sistema inmunológico que se elevan en los procesos inflamatorios, tienen también sus efectos en el sistema nervioso vegetativo y central. Crean un trasfondo de “comportamiento enfermo”, con pérdida de apetito, anhedonia, falta de concentración e interés por las cosas y ansiedad, creando un humor depresivo.

El prurito y las escoriaciones se dan con frecuencia en los cuadros de ansiedad y depresión y suele mejorar con terapéutica con antidepresivos.

Enfermedades de piel que afectan a la psique y alteraciones emocionales que dan síntomas cutáneos….además de cuadros psiquiátricos donde las manifestaciones dermatológicas son el síntoma principal (delirio de parásitos, dermatitis artefacta…)

Dejo este artículo que da una visión general de esta interacción y su manejo desde el punto de vista psiquiátrico.(link)

El tratamiento no siempre acaba una vez superada la enfermedad de la piel; en muchas ocasiones quedarán por restañar las heridas que esta ha dejado en el espíritu.

Eduardo Lauzurica. Dermatólogo

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