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Fotoprotectores, esas cremas con número

Cuando hablamos de cremas para fotoprotección, nos estamos refiriendo a una serie de productos a los que hay que exigirles una eficacia contrastada. Tienen que cumplir un objetivo y si no, no entrarían en esta categoría.
No en vano, en EEUU son considerados medicamentos; estamos hablando además, de seguridad y efecto medible.

El número de principios químicos con sus concentraciones máximas autorizadas es limitado y variable según países. En EEUU son más restrictivos y no llegan a 20, mientras que en Europa son casi 30; hay filtros autorizados a un lado del Atlántico que no se pueden comercializar en la costa opuesta. Los japoneses son los que más sustancias permiten.

Sin embargo, los términos con que muchas veces el común de los mortales se refiere a ellos, da una idea del desconocimiento general:

“Bronceadores”: animan a su uso acompañando a una buena exposición solar… que de ponerse moreno se trata.

“Pantalla solar”: trasmite idea de seguridad, que si se le añade el adjetivo “total”… ¡para que queremos más! El sol no pasa ni por descuido.

Los dermatólogos no nos cansamos de repetir, que el fotoprotector es una ayuda importante en una conducta encaminada a disminuir el número de horas de exposición a la radiación solar, y no una excusa o invitación para lo contrario.

Tiene que ser acompañante inexcusable en situaciones donde quedamos expuestos, sin otra opción, y un impedimento para las tan deletéreas quemaduras solares de principios de verano.

Es una cuestión de conducta, lo mismo que la antelación con la que debemos aplicarnos la crema. Si esta no es suficiente ( 15-20 min. ), olvídate del número del envase; para cuando has “cazado” a tu hijo o marido a pie de piscina o playa (porque sois vosotras las que soléis llevar el peso de la responsabilidad en estas y otras lides relacionadas con la salud), lo normal es que pasen los minutos suficientes para que alguno de los dos duerma mal esa noche.

Las cosas no se ponen fáciles, si además, los socorristas de tu piscina advierten de la escasa salubridad del agua, por culpa de esas cremas mal aplicadas y que en vez de penetrar en la piel (fotoprotectores químicos) o quedar en su superficie (fotoprotectores físicos), van a parar una depuradora que no da abasto.

La mayoría de los niños en sus juegos acuáticos superan con creces, el tiempo que un fotoprotector  debe permanecer en la piel dentro del agua, para ser considerado water resistant ( 2 baños de 20 min.) o waterproof (aprox. 80 min). Además, tras ese ajetreo, solo se le pide un 70 % de eficacia respecto a lo que sería con piel seca. El roce inevitable en estas condiciones de uso, es un factor añadido de minoración.

Son ejemplos que ponen en evidencia que las cremas fotoprotectoras no son una panacea y que su eficacia va unida a un correcto uso.

Es posible que unos cuantos conceptos más ayuden a conocerlas mejor y así aprovechar más racionalmente sus bondades.

Fotoprotectores, los arboles no dejan ver el bosque.

Fotoprotectores, los arboles no dejan ver el bosque.

Indice de protección

Es ese número “mágico” que aparece en el envase. En una carrera hacia la mayor potencia protectora, el número alto es un gran reclamo publicitario.
Muy pocos usuarios conocen que si bien en los comienzos de la escala, la eficacia si va unida al aumento en la numeración, a partir de un SPF de 20 apenas se incrementa un 5%, aunque lleguemos al SPF 50. La recomendación entonces es hablar de baja, media o alta protección y excluir el término protección total.

Otra variable es la cantidad aplicada, que como muchos ya saben se acerca a los 2mg/cm2. Por debajo de esta cantidad no se garantiza el índice de protección anunciado por el fabricante.

Sorprenderá  conocer que un SPF 50 aplicado en cantidad de 1mg/cm2 se trasforma en un pírrrico 7 SPF.

La fotoestabilidad es un concepto que indica la capacidad de mantener la composición química de una crema una vez que la ponemos entre nuestra piel y el sol, se entiende que fuera del envase (dentro está más aislado, pero no a salvo de aumentos de temperatura que lo desestabilicen).

Aunque parezca mentira, el sol también termina dañando la crema que nos tiene que proteger. Dependiendo del tiempo y del compuesto podemos terminar desprotegidos aunque, como en el cuento del “Rey desnudo”, no seamos conscientes de ello.

Reacciones a fotoprotectores tópicos

Como sustancias químicas, no son ajenas a reacciones fotoalérgicas y fototóxicas . El PABA (también la benzofenona -3 y el Eusolex 8020), ahora retirado de la mayoría de fotoprotectores, las causaba con frecuencia. Paradójicamente, te echas una crema para protegerte del sol, y te traiciona aliándose con él, para causarte un problema cutáneo mayor que el que querías evitar.

Las fragancias y vehículos acompañantes al principio activo, son también origen de estas reacciones.

La melanina como fotoprotector

La melanina es nuestro mecanismo natural de protección, gracias a esa célula tan sofisticada que la fabrica, el melanocito.
El problema es que no todo el mundo la produce en cantidad suficiente. No esperes su ayuda si tienes un fototipo I o II; vamos, que eres de los que siempre se quema y nunca se broncea o los demás ni lo notan. No es broma, así es como se definen estas dos tipologías.

Además, la melanina no tiene una eficacia homogénea en todo el espectro UV. En la UVB,  la protección es baja a los 295 nm y mínima en 315 nm; buena en 305 nm (UVB) y 365 nm (UVA).

La ropa también es fotoprotector y lleva número

La ropa es un fotoprotector a tener en cuenta. La eficacia dependerá del tejido, acabado, y color.

Los colores oscuros aumentan hasta en 5 veces el índice de protección; humedad y estiramiento (ambos disminuyen su efecto) también influyen.
Nailon, lana, seda y poliester son los tejidos que más protegen.
Sombreros con alas de más de 7,5 cm dan una correcta protección a cara, cuello y pabellones auriculares.
Unas gafas de sol que protejan del 99% de los UVA y UVB son las aconsejadas por la Academia Americana de Oftalmología.

Es una gran ayuda para la piel de párpados, asiento habitual de tumores cutáneos de difícil manejo.

Las gafas polarizadas evitan reflejos pero no protegen contra la radiación UV.

El bosque es muy frondoso y si seguimos separando ramas y troncos puede que lleguemos a perder la perspectiva. Ahora que están de moda las nubes de etiquetas, me atrevo a dejar una que englobe los términos que deben definir un buen fotoprotector en crema:

que características debe cumplir un fotoprotector

Características exigibles a un buen fotoprotector en crema

¡Feliz verano y que descanséis en vuestras vacaciones!

Enlaces relacionados:         Fotoeczema, el sol colaborador necesario

                                                 Sol y fotoprotección

Eduardo Lauzurica. Dermatólogo

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