Fotoprotección en niños

De todos es conocido el efecto que tiene sobre la piel, la sobreexposición a radiación ultravioleta. Es por ello que la población en general, cada vez más concienciada por el problema, toma medidas de fotoprotección. Pero si hay un un grupo de edad sobre el cual esto debe tomarse con especial atención es en la infancia.

La fotoprotección en niños viene influida por una serie de circunstancias:

  • La mayor parte de la radiación ultravioleta (RUV) se adquiere en la infancia y adolescencia. Se estima que entre el 50 y el 80% de la radiación de toda una vida se adquiere antes de los 21 años. Los niños se exponen al sol tres veces más que los adultos, debido a sus actividades al aire libre.
  • La piel es muy vulnerable a esta radiacción por debajo de los 3 años. La capa córnea está adelgazada y la capacidad de producir melanina disminuida, especialmente hasta los 12 meses. Los niños reciben el triple de radiación solar que los adultos.
  • Las quemaduras solares en la infancia son factor de riesgo para el desarrollo de melanoma y otros cánceres de piel. En áreas fotoexpuestas y en latitudes bajas se comprueba un incremento en el número de nevus y esto multiplica casi por 10 la probabilidad de sufrir melanoma en la infancia. Los niños correctamente fotoprotegidos tienen cerca de un 80% menos riesgo de desarrollar estas tumoraciones.
  • Los hábitos de fotoprotección han de ser adquiridos en la infancia para mantenerlos en la vida adulta.
Fotoprotección en niños.

Fotoprotección en niños. Actividades al aire libre que exigen medidas de protección solar. Foto: infelix

Medidas de fotoprotección en niños

Como recuerda la Academia Española de Dermatología, en niños, la principal medida es la fotoprotección es sin fotoprotectores.

Vestimenta: existen prendas que por su trama y color (mejor oscuro) evitan con eficacia la penetración de la RUV. La lana y el poliéster son las más protectoras y en menor grado el algodón, la seda y los acrílicos.

Si la ropa está húmeda disminuye su eficacia en tres veces.

Ya se venden prendas con índice de protección etiquetado, incluso tintes para añadir al lavado que aportan fotoprotección. Desde 1996 en Australia y Nueva Zelanda existe una homologación para la ropa antisolar que con las siglas UPF indica el grado de eficacia. Es obligatorio también en EEUU y en Europa está a punto de establecerse su uso.

El sombrero y protectores nasales son el complemento para evitar el sol en la cara y cuello. Se aconsejan alas de más de 7,5 cm, que llegarían a dar un índice de protección de 7 en la nariz y algo menor en el resto.

Gafas: Unas buenas gafas de sol que protejan también el contorno, disminuyen hasta un 80 % la RUVA y B, evitando cataratas futuras y la aparición tumoral en zonas cutáneas de cirugía comprometida.

Si las gafas no llevan filtro UV es mejor no usarlas, pues la dilatación pupilar por el tono oscuro de la lente aumenta las posibilidades de daño.

Sombra: En la calle y patios escolares hay que fomentar la cobertura en sombra (edificios o árboles) ; a pesar de todo, hasta un 50% de la UVA se recibe en la sombra.

Es importante instruir al niño para que sepa valorar la intensidad de sol por el tamaño que deja su sombra; tiene que ser consciente de que cuanto menor es, más tiene que buscar resguardo.

No se nos tiene que olvidar que los días nublados de verano también son de gran llegada de radiación ultravioleta, que “no entiende” de nubes.

Cremas fotoprotectoras

En la infancia, las cremas fotoprotectoras están consideradas de tercera línea, puesto que se ha comprobado que los niños que las utilizan pasan hasta un 22% más de tiempo al sol.

Se desaconseja su uso por debajo de los 6 meses, y a esta edad lo importante es evitar el sol directo. Si no existe esta posibilidad, se podría aplicar en áreas muy pequeñas (cara o dorso de manos).

La anticipación de 30 min a la exposición solar y su reaplicación cada 2 horas o tras la salida del baño a pesar de ser resistentes al agua, son principios fundamentales. La reaplicación de la crema aumenta su eficacia.

Existen pulseras que van aclarando su color y sirven de aviso ante la pérdida de eficacia del fotoprotector aplicado.

El fotoprotector debe ser de amplio espectro (UVA-UVB) y superior a un 15 de FPS. Si solo actúa para UVB debe de indicarse en el envase.

Sobre la cantidad para que ejerza su eficacia, aquí tienes más información.

Las cremas fotoprotectoras aumentan la absorción de repelentes de insectos, con el problema de toxicidad que esto supone.

Fotoprotectores físicos: son polvos inertes que actuan absorviendo y dispersando la RUV. No son irritantes ni sensibilizantes por lo que se consideran muy seguros. Suelen llevar dióxido de titanio, óxido de zinc, óxido de hierro, óxido de magnesio, talco, mica o calamina.

Son algo menos cosméticos pero las nuevas fórmulas micronizadas consiguen que sean bien aceptados.

Hay controversia sobre el uso de nanopartículas , especialmente en niños pequeños o si hay problemas de integridad en la capa córnea.

Fotoprotectores químicos: actúan absorbiendo la energía fotónica de la RUV que es trasformada en térmica. Existe un amplio abanico de sustancias tanto para la UVB como la UVA.

Algunos como el PABA ya no se usan y los demás pueden combinarse para ampliar el espectro de absorción.

Tinosorb M y S absorven ambas radiaciones; son incoloros y altamente aceptables.

Es importante señalar la posibilidad de reacciones alérgicas con todos estos productos. Recientemente nuestros compañeros A. Agustí-Mejias y cols en la revista  Actas Derm. han descrito dos reacciones de contacto por octocrileno en niños de 4 y 5 años, tras el uso de sendos fotoprotectores de venta en gran superficie y farmacia. Ambas etiquetadas de uso pediátrico.

Llama la atención que a diferencia de los casos de adultos, en que había en su mayoría (80%) una sensibilización previa (fotoalergia) a  la cremas antiinflamatorias con Ketoprofeno, en los niños no se daba esta circunstancia. La reacción cruzada entre estas sustancias (ketoprofeno y octocrileno) desaconseja el uso como fotoprotectores con octocrileno así como con benzofenona-3 , en personas con reacción fotosensible previa al ketoprofeno.

Aunque de forma general es un producto seguro, en el caso de los niños afectados, el potente alergéno que parece ser el octocrileno, actuaría como sensibilizante primario.

Sol y vitamina D en niños

La vitamina D es fundamental para el sistema inmune y cardiovascular así como en el metabolismo del calcio, para una correcta formación osea; su déficit en la infancia desencadena raquitismo. Dado que por la dieta se aporta aproximadamente un 10% , el resto debe producirse a nivel cutáneo por el efecto de la RUV. Esto se consigue con 15 min de exposición diaria de dorso de manos y cara, en las horas permitidas (antes de las 11 h y después de las 16 h). Fuera de la época de verano esta vía puede ser insuficiente.

En caso de subexposición, más frecuente en pieles oscuras o lactantes exclusivamente de pecho, se compensará con suplementos orales (400 IU dosis diaria recomendada en el primer año de vida; max. 1000 IU de o-6 meses y 1500 IU de 6-12 meses. A partir del año la dosis diaria recomendada es de 600 IU).

En niños es preferible recurrir a la suplementación por vía oral, que confiarlo a la exposición solar.

La infancia es el momento adecuado para sentar las bases de una vida saludable al aire libre.

Eduardo Lauzurica. Dermatólogo

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